 El escritor António Botto paseaba por el casco antiguo de Lisboa del brazo de un marino, un jovencísimo Adonis que justo había desembarcado en la capital portuguesa, cuando, a punto de llegar a su casa, se cruzó con Fernando Pessoa. Creo no haber registro fidedigno de lo ocurrido, pero consta que Pessoa se sobresaltó al ver la pareja y dijo algo como «Botto, ¡Por Dios! Hoy es viernes santo». Desde una cordura escultórica, Botto lo sosegó: «Tranquilo, Fernando. Marino cuenta como pescado». |