 Plinio el Viejo escribió cerca de 2000 libros que componían su 𝘕𝘢𝘵𝘶𝘳𝘢𝘭𝘪𝘴 𝘏𝘪𝘴𝘵𝘰𝘳𝘪𝘢𝘦, de los cuales solo se conservan 37. En esta obra, recopila los principales conocimientos de la antigüedad. En el Libro XXXI, Tratado de los recursos del agua, enumera los lugares relacionados con el agua más importantes del mundo conocido. Allí, menciona una resurgencia intermitente que debió tener una enorme fama en Europa en el período final de la Edad del Hierro, que denomina Fuentes Tamáricas y al que atribuye poderes premonitorios, ya que su amigo Larcio Licinio falleció a los siete días de visitarlas y encontrarlas vacías.
Esta descripción de las Fuentes Tamáricas provocó su búsqueda infructuosa durante siglos por todo el norte peninsular hasta que en 1768 Fray Enrique Flórez publicó sus estudios y las identificó con la fuente de La Reana en Velilla del Río Carrión.
Veinte siglos después, este mágico lugar mantiene el misterio de su llenado y vaciado imprevisible y sin seguir ningún tipo de ciclo, atribuido a un fenómeno conocido como fuentes vauclusianas y que consiste en un depósito subterráneo de agua que a través de un sifón que según la cantidad de agua acumulada permite u obstruye la salida de la misma, con constantes alteraciones de caudal.
Las Fuentes Tamáricas son un emblema de Velilla del Río Carrión y de la Montaña Palentina, y la maldición de Plinio aún intimida a algunos visitantes que temen encontrarlas secas en su primera visita. No obstante, solo puede ser sinónimo de buena suerte encontrarse en un lugar con tanta energía y carga espiritual. Una visita obligada en la montaña de Castilla. |