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Yascha Mounk
domingo, 20 de octubre de 2024
#meta - #ensayo - #woke

Yascha Mounk (1982, Múnich), pensador, ensayista y profesor de la Universidad Johns Hopkins, nos invita a pensar sobre los problemas de las democracias liberales, amenazadas externamente por actores como el régimen de Vladimir Putin, e internamente, por paisajes políticos polarizados. A Mounk, un intelectual de centroizquierda confeso, le inquieta que el populismo de derechas esté «fuerte» y que su «oposición» en la izquierda haya caído «en la trampa» de la ideología ‘woke’. Precisamente a esa ideología de la izquierda está dedicado su último libro ‘The Identity Trap’ (Ed. Allen Lane, 2023) o ‘La trampa de la identidad’.

Su último libro publicado en España, El Gran Experimento (Ed. Paidós, 2022) versaba sobre qué han de hacer las democracias para integrar a todos los miembros de su sociedad. ¿No es un experimento aún mayor enfrentarse a amenazas como la que representa la Rusia de Vladimir Putin o las amenazas iliberales internas existentes también en esas democracias?

Es una buena pregunta y estoy de acuerdo en considerar que hay un doble debilitamiento de las democracias. Si uno piensa en por qué hemos ido desde un gran optimismo hacia un pesimismo considerable sobre el estado de la democracia, esto se debe a los cambios que hemos vivido. En los años 90, estábamos rodeados de amigos, no había amenazas externas. Interiormente, nuestras democracias parecían estar muy tranquilas. Había, por así decir, un escenario político estable, con dos partidos que se alternaban en el poder. Los rivales políticos daban la impresión de poder vivir perfectamente uno con el otro. Sin embargo, ahora estamos en una posición en la que hay serias amenazas para nuestras democracias. Tenemos la invasión de Rusia a Ucrania, y la amenaza que esto supone para la seguridad europea. Tenemos también el papel que juega una China autoritaria en el mundo, además de la erosión del poder de los países democráticos en la escena internacional. Pero es que, además, estamos viendo crecientes tensiones internas en las democracias. Además, el proyecto de integrar una variedad diversa de personas de orígenes étnicos diferentes ha pasado a plantear serios problemas. Y luego tenemos el crecimiento de populistas capaces de afectar, desde dentro, a grandes democracias como Estados Unidos.

¿Qué piensa de la respuesta que se está dando a estas amenazas, ya sea, por ejemplo, el apoyo occidental a Ucrania o la reacción al modo iliberal de entender la política?

Los europeos tenemos que entender que esas «vacaciones de la historia» es algo que se ha terminado. Hemos dejado la seguridad en manos de Estados Unidos, permitiéndonos incluso darles lecciones a los estadounidenses por ser los cowboys militaristas del mundo. Ahora, la amenaza militar para Europa es mucho más inmediata. Y ya no podemos depender de Estados Unidos para garantizar nuestra seguridad. La UE hasta ahora lo ha hecho relativamente bien, entendiendo que la situación es urgente. Pero no creo que la brutal toma de conciencia de cuán relevante es el momento actual sea algo que haya ocurrido en toda la clase política. Solo estamos viendo el inicio de una reacción.

¿Y las amenazas internas? ¿No es la polarización en las democracias otra amenaza?

Hemos visto algunos empujes exitosos contra los populismos autoritarios, en Polonia, Brasil, Estados Unidos, y esto me hace ser relativamente optimista. Pero, al mismo tiempo, el descontento, que es profundo, con fuerzas políticas más moderadas, está muy extendido. Y los movimientos populistas siguen teniendo apoyos. Así que creo que no hemos encontrado la receta para responder a estas amenazas. También ha llegado el momento para la elite cultural y política de empezar a mirarse al espejo. En Estados Unidos, por ejemplo, Trump puede ser muy impopular y la gente puede ver sus puntos débiles. Pero, aun así, está liderando las encuestas. Y esto no es porque les encante el candidato. Lo que ocurre es que odian la alternativa. Yo veo que no se ha hecho una autocorrección en los últimos diez años, entre quienes han tomado las decisiones políticas, para llevarnos por un mejor camino.

Este proceso que usted describe en Estados Unidos se observa muy bien en Europa. En Alemania, por ejemplo, la crítica al Gobierno está siendo capitalizada por el partido de ultraderecha Alternativa para Alemania (AfD). ¿Qué piensa usted de esto?

Me resulta sorprendente ver que el partido de ultraderecha en Alemania, más radical que otros partidos similares en Europa, está teniendo un éxito mayor en comparación con lo que ocurre en otros países europeos. Claramente, la economía alemana está en crisis, el Gobierno alemán es un desastre, pero Alemania sigue siendo un país muy funcional y un país rico. Creo que parte de la explicación tiene que ver en parte también con la complicidad de las instituciones del país y con la concepción de sí mismos que tienen algunos miembros del Gobierno. Me refiero a una idea de sí mismos según la cual solo ellos son razonables y superiores en la política del país. Y, por lo tanto, según esta idea, si alguien se opone a lo que hace el Gobierno, se le considera necesariamente una mala persona. Esto es solo una parte de lo que ha hecho posible que gente que antes votaba a la Unión Demócrata Cristiana (CDU) o incluso el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) pone ahora su voto en manos de AfD.

Hablaba usted de las amenazas internas a la democracia. Y se ha centrado en el iliberalismo de derechas. Pero también hay una amenaza iliberal en la izquierda, como nos ha recordado en Ethic Helen Pluckrose, ¿qué opina?

Lo que ha pasado es que, según explico en The Identity Trap, particularmente en Estados Unidos, lo que significa ser de izquierdas ha cambiado muchísimo en las últimas dos décadas. Ahora hay una nueva ideología centrada en la idea del racismo, del género y la orientación sexual. Esa ideología ha pasado a dominar las grandes instituciones de la sociedad. Y esto ha llevado a muy significativos pasos en falso que han dañado las instituciones públicas.

¿A qué se refiere?

A que, en Estados Unidos, los padres ven a sus hijos en la escuela ser separados en diferentes grupos étnicos a partir de los seis u ocho años. Frente a la covid-19, no se priorizó la vacunación de los mayores porque los mayores, de acuerdo con la agencia gubernamental CDC [Centros para el Control y Prevención de Enfermedades], eran blancos. Esto hace que la gente esté abierta a alternativas radicales. Situaciones como estas llevan a la desconfianza de las instituciones democráticas. Por eso, aunque Trump genere escepticismo haciendo sus anuncios sobre librarse de esto o aquello en las instituciones, esos anuncios tienen su atractivo. Así que incluso cuando a nivel ideológico el populismo y lo woke son opuestos, en términos políticos, uno y otro no hacen más que reforzarse. De hecho, la vitoria de Trump en 2016 fue una de las razones por las que fue tan difícil para la gente en la izquierda criticar esa nueva ideología de la izquierda a la que me refería, en lo que yo llamo la «síntesis identitaria». Tras la victoria de Donald Trump, criticar esa nueva ideología de la izquierda se pasó a ver como preferir secretamente a Trump. Que esa ideología controle ahora tantas instituciones es en parte razón para explicar por qué Donald Trump va a ser el nuevo presidente de Estados Unidos.

© Zalberto | enero - 2026